¿El fin de la lealtad? Por qué los "One Club Men" son una especie en extinción
Un One Club Man es esa rara avis que viste una sola camiseta desde el debut hasta el último aliento profesional. Sin embargo, figuras como Maldini, Puyol o Giggs parecen hoy reliquias de un museo clausurado. En un fútbol que ha mutado de identidad territorial a industria de activos financieros, la lealtad ha perdido la batalla contra la rentabilidad.
ANÁLISIS
Marcos
2/3/20264 min leer


Del "Escudo" a la "Marca Personal": El jugador multinacional
La globalización ha reconfigurado el ADN del futbolista. Antes, el jugador era una extensión del club y su ciudad. Hoy, el futbolista es una multinacional independiente.
El techo mediático: Un jugador en un club de media tabla tiene un límite de exposición. En la era de los algoritmos, rotar por gigantes europeos o fichar por proyectos emergentes (como el Chelsea de la nueva era o el PSG) multiplica el valor de su marca personal y sus contratos publicitarios.
El ecosistema de los agentes: Los representantes y fondos de inversión rara vez se benefician de la permanencia. La comisión reside en el movimiento; el traspaso es el motor que genera riqueza para el entorno del jugador, desincentivando contratos de 15 años en una misma sede.
El impacto de la Ley Bosman y la inflación salarial
El romanticismo rara vez sobrevive al contacto con una billetera infinita. Desde que en 1995 la Ley Bosman eliminó las fronteras para los comunitarios en la UE, el sentido de pertenencia se diluyó.
Clubes Estado y Ligas Emergentes: La irrupción de Arabia Saudí (Saudi Pro League) y la MLS ha dinamitado los "retiros dorados". Jugadores que estaban a un paso de ser leyendas de un solo club, como Jordan Henderson en el Liverpool (aunque finalmente salió), sucumben a ofertas que triplican su salario histórico.
Exportación prematura: Ya no se espera a que el talento madure. Las canteras prolíficas (como la de la Real Sociedad o el Athletic Club) sufren el asedio de la Premier League antes siquiera de que el jugador cumpla 50 partidos en Primera.
La tiranía del palmarés: El caso Harry Kane
Hoy, la opinión pública es implacable: si no tienes trofeos, tu carrera está "incompleta". Esta presión social es el mayor enemigo de la fidelidad.
"Pude irme al Real Madrid y ganar todo, pero preferí ser el líder de mi gente". – Esta filosofía de Totti es hoy calificada por muchos analistas como "falta de ambición".
El ejemplo más reciente y doloroso es Harry Kane. Tras una vida en el Tottenham, donde era el máximo goleador histórico, se marchó al Bayern de Múnich en 2023. ¿El motivo? La necesidad imperiosa de levantar un título oficial para validar su legado ante los ojos del mundo. La lealtad no bastaba para llenar su vitrina.
La globalización del talento: ¿Se ha perdido el sentido de pertenencia?
La pérdida de raíces no es una casualidad, es una consecuencia directa de la evolución del mercado. Aunque el sueño romántico de "defender el escudo de tu vida" persiste en el imaginario colectivo, la realidad del siglo XXI ha convertido al fútbol en un espectáculo de paso.
El dinero frente al vínculo emocional: Hoy es heroico encontrar jugadores que resistan la llamada de contratos faraónicos. Las ligas "exóticas" ya no son solo para el retiro; son destinos competitivos que interrumpen trayectorias que apuntaban a la leyenda. Cuando un jugador elige la MLS o Arabia Saudí antes de los 30, no solo busca dinero, está priorizando su "cartera" sobre su "estatua" en la plaza del club.
La erosión de la identidad local: Casos como el del Athletic Club o la Real Sociedad son anomalías sistémicas. En un mundo donde el éxito se mide por acumular títulos en "constelaciones de estrellas", ser el "líder espiritual" de tu ciudad natal parece un sacrificio demasiado alto. Totti lo hizo al decir "no" al Real Madrid, pero en el fútbol actual, esa decisión se tacha de anacrónica.
¿Es posible el retorno del romanticismo? El modelo de "Vida después del fútbol"
Para recuperar al One Club Man, los clubes deben ofrecer algo que el dinero no pueda comprar: un legado y un proyecto de vida. La lealtad debe ser una inversión a largo plazo, no solo un sentimiento.
El bastión de las canteras: El ejemplo de Lezama
El Athletic Club es el último gran laboratorio de fidelidad. Su política no solo fabrica futbolistas, produce sentido de pertenencia. Figuras como Piru Gainza (20 temporadas) o Julen Guerrero —quien rechazó cheques en blanco por seguir en Bilbao— demuestran que la identidad local es el único escudo real contra la inflación del mercado.
Recompensar la fidelidad: Roles institucionales
La lealtad se premia con la eternidad institucional. Los clubes que "cuidan" a sus mitos suelen retener mejor su talento:
Josu Urrutia: De capitán a presidente, transformando la estructura del Athletic.
Chendo: El eterno delegado del Real Madrid tras colgar las botas.
Xabi Prieto: El ejemplo de que se puede ser leyenda sin ganar una Champions, priorizando el respeto de una ciudad entera.
Conclusión: Una distinción de "Mucho Mérito"
El One Club Man es una especie en peligro crítico de extinción. No ha muerto por falta de amor a los colores —los ejemplos de Puyol, Maldini o Totti certifican que el compromiso existe—, sino porque el sistema actual favorece la movilidad constante. El fútbol moderno prefiere el beneficio inmediato del traspaso a la narrativa humana del capitán eterno.
Proteger esta figura requiere que los clubes entiendan que un "Capitán Fiel" vende más entradas y genera más identidad que tres fichajes mediáticos de una sola temporada.
