Lección de pegada en Balaídos: El Celta de Giráldez destroza el rombo de Corberán
En el fútbol moderno, tener el balón ya no garantiza el éxito; lo que importa es qué haces con él en las áreas. Ayer, el RC Celta dio una clase magistral de supervivencia y verticalidad al derrotar 4-1 al Valencia CF. En un duelo de pizarras entre Claudio Giráldez y Carlos Corberán, la eficacia viguesa trituró el control estéril del conjunto "ché".
ANÁLISIS
1/3/20262 min leer


1. Un equipo "de plastilina"
El Celta saltó al campo con un dibujo de 3-4-3, pero lo mágico fue cómo cambiaba según la necesidad.
La salida de balón: Atraían al rival como un imán para que los defensas y los mediocentros (Ilaix Moriba y Miguel Román) sacaran el balón limpio.
El factor sorpresa: Mientras Carreira se quedaba pegado a la banda derecha, Mingueza se movía por todo el campo como un mediapunta más, volviendo loca a la defensa rival.
2. El plan de ataque: Referencia y velocidad
El peligro del Celta no fue casualidad, se basó en dos pilares:
El muro Borja Iglesias: El "Panda" dio un recital jugando de espaldas. Aguantó balones, descargó a las bandas y provocó el penalti del primer gol. Fue el faro del equipo.
Verticalidad pura: Tras la lesión de Swedberg, el equipo no se hundió. Con la entrada de Pablo Durán y más tarde El-Abdellaoui, el Celta se convirtió en un equipo de transiciones rápidas. Recuperar y correr. Así llegó el segundo gol: robo, pase rápido y gol.
3. Defensa inteligente: Orden sobre intensidad
A diferencia de otras veces donde el Celta presionaba a lo loco, ayer fueron más prácticos.
Cerrar el pasillo central: Moriba y Román se centraron en tapar huecos por dentro para que el rival no encontrara pases fáciles.
Un líder atrás: Marcos Alonso tomó el mando de la defensa, despejando todo lo que llegaba por los aires y ayudando a un Aidoo que todavía está recuperando su mejor forma.
4. El "maestro" Iago Aspas pone la calma
Con el 3-1 en el marcador, el Celta demostró madurez. No se volvieron locos buscando el cuarto de cualquier manera. Bajo la batuta de Iago Aspas, el equipo empezó a esconder el balón, haciendo que el tiempo pasara hasta que encontraron el hueco perfecto para que Hugo Álvarez pusiera la guinda al pastel con el 4-1 definitivo.
Conclusión: Un Celta camaleónico
La gran noticia para la afición es que este Celta sabe adaptarse. No necesita tener la posesión para mandar. Fue un equipo eficaz, ordenado y que supo reponerse a las lesiones. Giráldez tiene un plan y, de momento, sale a la perfección.
